¿Quién, ¡oh! puede mantener la frente en alto cuando la vergüenza recae sobre la misma humanidad toda?
Opacada se ve nuestra reputación ante los ojos de la historia, quien nos describe cual tragicomedia, la cual como fiel espectador, ha pagado el más caro palco frente a la misma.
Vida despreciada, cual regalo entre las manos del avaro que lo dá y el miserable que lo recibe, hemos de darte una oportunidad.
Quisiera poder decirte que te amo, pero aún no lo sé. Tendré que esperar que la muerte haga su última jugada, para al fin perderte y darte el valor que mereces, el cual no te damos, ahora que te tenemos. Es triste, pero es una cualidad de nuestra especie...
Bienaventurados los que hemos deseado perecer, pues tuvimos la oportunidad de ver danzar a ambas, vida y muerte, nuestra amada en brazos del casanova, conociendo el inevitable acto final, y obrar en cosecuencia.
¡Juzgad vosotros vuestros valores!
Mas recordad, deseosos de una vida, como obsequio, ésta nos fue otorgada; ya al poseerla, la hemos dejado apartada, insignificante, invalorada.
Por eso os digo: ¡Vivid mortales! ¡Vivid!
miércoles, 19 de mayo de 2010
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