Entre tanto andar llegué a una pequeña ciudad, en cuya entrada podía observarse un letrero que rezaba: << En el reino de Dios todo es posible >>. Me acerqué hasta una taberna del lugar, algo sombría para mi gusto, mas la encontre casi vacía; en ella solo estaba el cantinero, un joven y un hombre algo mayor, quien al parecer, lo exhortaba con fulgorosos consejos.
Me senté en una mesa cercana a ellos, la única contra la ventana por la que entraba algo de luz, pedí
un trago y, mientras el cantinero lo preparaba, no pude evitar oir la conversación de los dos hombres
frente a mí.
El mayor disparaba, según la vasta experiencia que decía poseer, sabios consejos con total impunidad al joven, que, según podía ver, estaba algo atónito.
-Debes levantarte tantas veces como puedas, hasta que la oveja se transforme en león.- Dijo aquel.
Mas el joven, no pudo contener la risa, y agregó: -¡Es increíble que una oveja se transforme en león!-
-Hijo, en el reino de Dios, todo ha de poder realizarse.- Contestó aquel hombre.
En ese instante, el cantinero acercose con el trago y lo dejó a mi mesa. Lo bebí lentamente, apoyé el vaso y me acerqué hacia la mesa donde se encontraban dichos hombres.
Me presenté y sin vacilar me senté en una silla situada entre ambos. -Señores, la oveja ha de nacer para ser oveja, y el león, león.- Dije.
Ambos me miraron y no pronunciaron palabra.
Seguí: -Te caerás infinitas veces, y todas has de levantarte, pero velo, que nunca la oveja será león, así como tu lo has afirmado. Y así será el número de veces que te levantes. Mas ellos, quienes aseveran que en el reino de Dios, todo es posible, dejarán algún día de levantarse, pues han de creer que la oveja ya se ha convertido en león.
Me levanté inmediatamente, antes que pudieran balbucear alguna palabra, y me marché tras haber pagado mi consumo.
Salí de aquella ciudad con rumbo hacia la próxima, a ver que gran aventura me deparaba el destino.
jueves, 20 de mayo de 2010
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