miércoles, 19 de mayo de 2010

Segunda carta a una segunda desconocida

Tonta doncella que has desconocido las causas de mi acercamiento,
Has tomado de antemano tus inocuas decisiones para rechazarme.
¿Acaso confundiste mis intenciones con las tuyas?
Nada más desacertado que el falso mundo que te has creado.

Tonta doncella que vacilaste, al tomar apresuradamente tus temores,
Ellos se han dado a conocer, y sin quererlo,
Caíste presa en las manos del arrepentimiento,
Pero tu orgullo va más alla de tu presunta razón.

¿Es tu soledad comparable a la mía?
¿Es tu ociosidad la que no deja fluir tus pensamientos?
Malogradas son tus ideas respecto a mí.
Y el fruto de tal relación pudrióse antes de madurar.

Tonta doncella, tu vida, tu mediocre vida,
no es siquiera comparable a la mía.
Pués yo he sabido controlar mi soledad,
He sabido darle un sentido.

Del tiempo perdido...
¿Qué puedo decir del tiempo perdido?
En la necesidad solo hay necedad.
En la necedad, solo tiempo perdido.

Soy aquel, aquel del que no has sabido nunca,
Y quizá nunca sepas más nada.
Soy aquel que conociste sin conocer,
Aquel que se ha ido sin irse.

Tonta doncella de vanos pensamientos imperfectos,
Acecarme a tí fue como acercarse al fuego,
¡Sentir todo ese calor, ese calor que quema!
¡Caminar entre brazas es el mayor placer!

Doncella, que tonta doncella has sido,
Doncella de mil colores, de mil aromas,
¿Donde quedó tu vestido de púrpura orgullo?
¿Has alguna vez caminado en mis zapatos de rojos instintos?

¿Has quebrantado lo inquebrantable?
¿Has caminado siquiera una vez entre los muertos?
Yo he recorrido caminos que nadie se atrevió a recorrer,
Y he atravesado infinitas selvas de dolor.

Pero tú, dime, ¿tú que has hecho?
Yo he sabido cosechar los más dichosos frutos del dolor,
He sabido arrullar mis sufrimientos hasta dormirlos,
He sabido bailar, reir y saltar en días de tormenta.

Hoy te encuentro tan lejana, que no puedo reconocerte.
Placentero es el recuerdo, y placentera la espera.
Solías caminar junto a mí; no atrás, no adelante, ¡Junto a mí!
Miro alrededor, y en tu ausencia, aún más presente estás.

Tonta doncella de ojos de estrellas,
De fluídas corrientes iridiscentes,
He perecido a causa de tus sentidos,
Y he renacido por tí, solo por tí.

Tonta doncella, que no supiste mirar dentro mío,
Mis intenciones son claras, precisas.
¿Es mi destino seguir vagando entre cielo e infierno?
Si así lo es, aún no sé donde hallarte.

Náufrago de todos lo mares me juzgo.
Perdido en tus silencios me encuentro.
Si pudieras al menos darme una señal,
¡Que dichoso sería si me dieras una señal!

No veo horizonte cercano que me llame.
Si volvieras a brillar como el faro que fuiste,
Divisaría el contorno de tu corazón nuevamente,
Y levemente mi felicidad acrecentaría.

Doncella, de la distancia hiciste un juego,
Un juego del cual he puesto las reglas,
Reglas que solo yo podré romper.
Solo dame tu consentimiento.

Doncella, tonta doncella,
He de esperar por ti toda mi vida.
Paciente seré en mi impaciencia.
Por ti esperaré, ¡oh tonta doncella!

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